El Arcano XVIII es el opuesto de La Estrella, pero también es un símbolo de las potestades femeninas. Si La Estrella se refiere a la mujer y lo íntimo como un catalizador que mueve a la Tierra y sus elementos al cambio, La Luna habla de lo femenino como una fuerza conciliadora entre los opuestos: una mujer servil, sí, pero sólo a los más altos propósitos.
La Luna se representa como el astro en el cielo, en un punto medio, como una centinela entre la Tierra y El Mar, ubicada entre dos Torres, y entre dos perros que se miden el uno al otro, con cierta amenaza.
Estos elementos (el agua y la costa, las torres, los perros…) simbolizan potestades opuestas. La Luna así, llena y esplendente, representa, por una parte, los ciclos naturales, las fuerzas creadorAs que están por encima de cualquier desacuerdo o punto de vista: la vida que todo lo perdona y contiene. Por el otro, esta Luna también es una metáfora sobre la capacidad femenina de dialogar y conciliar.
Sin negociación, no hay nacimiento ni vida. Sin entendimiento, la creación es vacía. La Luna habla de la capacidad humana para reunirse y progresar
Se trata de un Arcano que aparece para anunciarnos una dependencia provechosa, una unión larga y fructífera, un proyecto al que debemos unirnos o una hostilidad que debemos terminar sin lucha.
En ocasiones, la Luna se acompaña de un anfibio: Escorpión, representado como una crustáceo que sale de las aguas. De la negociación, surge un ser capaz de vivir e medios opuestos, adaptable. Eso es la vida: adaptación.
Imagen | Gestialba













